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MUNDIAL

Tragado por una víbora

Por Roberto Torres Collazo
Editor del Colectivo Cambio Social. Brasil
4 de junio de 2026

En un pueblo muy pacífico a la orilla de la selva un día apareció una boa constrictora. Comía todo tipo de animales, su carne favorita era la carne humana. Era el terror del pueblo. Nadie podía trabajar ni dormir tranquilo. Un día una mujer contaba sobre su gran dolor y la tristeza de haber perdido sus dos hijas a manos de la bestia y se quejaba de vivir en un lugar inseguro. Se preguntó en voz alta, si no habría alguien que pudiera acabar con la boa. Su esperanza era que la gente del pueblo pudiera vivir en paz. Un anciano que tocaba la flauta maravillosamente escuchaba su pena y sufrimientos. Decidió hacer algo al respecto. Tomó un saco de maíz y su cuchillo y fue selva adentro. Una vez dentro se sentó y se puso a tocar su flauta. Sintió en la noche entre los árboles el ruido de la boa, de todos modos, siguió tocando la flauta. ¡De momento la boa lo atacó y se lo comió de un bocado! Estando a oscuras dentro de la boa sacó el cuchillo y comenzó a cortar la panza de la serpiente poco a poco. La serpiente se retorcía de dolor. Cada vez que sentía hambre el flautista le cortaba un pedacito de la panza. La boa comenzó a decir a otras serpientes amigas que nunca comieran humanos. El flautista llegó al corazón y murió. Regresó al poblado y todos le preguntaron dónde estaba. Él respondió que estaba dentro de la boa y que la había matado y para demostrarlo le mostró un pedazo del corazón. Entonces la gente supo que realmente estaba muerta.

Ese cuento titulado “Tragado por una víbora” lo recoge el rabino Marcelo Rittner en su libro Aprendiendo a decir adiós donde compara el dolor y la tristeza del duelo con ser comido por una boa. La tristeza y el dolor ante la pérdida de un ser querido como puede ser una madre, un padre, hijo, hija, abuela… es un proceso natural. Proceso usualmente que se manifiesta de diferentes maneras: psicológicas, física, afectivas y espirituales que puede durar meses y a veces hasta años. La ausencia de un ser querido no es lo mismo que antes. Se siente la ausencia física, de su voz, su cariño, sus hábitos, su cercanía…. Su ausencia se refleja en los rostros y miradas. Puede sentirse como si estuviera dentro de una serpiente luchando como el flautista para matar y salir.

El flautista no se rindió, fue persistente para salir de la barriga y matar la serpiente. Cuando decidió enfrentarse y luchar no la mató de un solo corte. Fue poco a poco. Lo mismo sucede con la tristeza y el dolor, toma tiempo superarla. Hay que cortarlos poco a poco. La serpiente quiere que creas que no hay esperanza, que nunca lograrás superar el peso que llevas en el alma. Quiere que no ventiles tus sentimientos. Conviene ver el luto como un proceso, no es una enfermedad. Un proceso de adaptación, difícil, pero normal. Observen, que el flautista no realizó su hazaña desde afuera, solamente logró salir desde adentro. Hay unos bellos versos del poeta y escritor uruguayo Mario Benedetti donde se lee: “No te rindas, aún estás a tiempo//De alcanzar y comenzar de nuevo//Aceptar tus sombras//Enterrar tus miedos//Liberar el lastre//Retomar el vuelo”.