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MUNDIAL

Puerto Rico: Lo más cabrón es el miedo. Especial para Latinos Y Latinas Por El Cambio Social.

Por Roberto Tito Otero
Especial desde Puerto Rico para Latinos Y Latinas Por El Cambio Social. EE.UU.
11 de enero de 2020

Nota de Redacción: El siguiente obedece a los constantes fuertes temblores y terremotos que se han registrado desde el 28 de diciembre en Puerto Rico. 1.800 movimientos telúricos hasta la fecha. Que ha dejado miles de personas en las calles, destrucción de viviendas, escuelas, edificios, puentes y deslices de tierras así como apagones electricos en casi todo el país y hasta esta el momento dos muertes. En septiembre de 2017 Puerto Rico sufrió uno de los huracanas mas desastrosos de la historia: huracán María, del cual todavía muchos de los puertorriqueños y puertorriqueñas no acaban de recuperarse. Puerto Rico es colonia de EE.UU, su respuesta así como del gobierno local han sido pésimas y un escándalo mundial.


Con María era la tristeza del desastre, la pena por los muertos, la ira con la ineficiencia y la maldad de las instituciones. Era el peligro de no saber qué iba a pasar en términos de vivienda y salud, etc. Pero el huracán había pasado. El problema era cómo reconstruir la vida cotidiana y quizás la esperanza.

Ahora es todo eso y el miedo que nace del evento inacabado. Sigue sucediendo sin certezas. Y quizás lo peor es que no se sabe si será peor. No hay conclusión. Cada temblor viene acompañado con el susto dela posible muerte.

Y ese baile se danza por el día y por la noche. Es el miedo de volver a la casa vulnerable. El miedo de estar en un refugio que puede colapsar.

Entonces es el vacío del cielo y sus nubes y sus estrellas lo que da alguna seguridad, algún tímido antídoto al miedo. Y así transformados en una rara especie de beduinos sin desierto acampan en los patios,en los predios frente a los refugios, se apiñan con sus carros en los parkings de los malls enfrentando esa nueva vulnerabilidad del sin hogar.

Es el miedo como si fuera un virus.

Un miedo que devora la posibilidad de felicidad, un miedo que parece eterno.

Ayer noche compartimos como si hubiera sido un camping de esos con todos sentados alrededor del fuego. Un fuego que era una bombilla energizada por una pequeña planta eléctrica. Allí comulgamos arroz concorned beef e hicimos chistes y reímos.

Aun así, se nos aguaron los ojos.

El miedo, qué poderoso y que triste.

Su única certeza es la incertidumbre.

Esta noche un papá durmiendo en sus hombros a su hijo de unos seis años me dijo que lo más difícil para él era cerrar los ojos para dormir. 20 minutos antes había temblado la tierra en el campamento improvisadosobre una pista de correr en Peñuelas.

Lo más cabrón de estos terremotos y temblores es el miedo que se propaga como virus.

La pregunta es ¿cómo ayudar a recuperar la esperanza para enfrentarla al miedo? Es un reto cabrón.

Por ahora, creo que, en lo inmediato, es ser solidario. Ayudar, de chispito en chispito, a desaparecer la soledad que acompaña a ese miedo. Sin circos.