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MUNDIAL

Cristo y el templo

Por Roberto Torres Collazo
Editor del colectivo Cambio Social, EE.UU
20 de mayo de 2018

En el siglo I de nuestra Era el templo era la institución más importante para el pueblo judío. Era fuente de ingresos mas importante de la ciudad, del templo vivían la nobleza sacerdotal, los sacerdotes de rango inferior así como guardias, músicos, albañiles etc. Nos dice Hugo Echegaray que durante ochenta años de su construcción nunca se interrumpió el culto. El comercio de las víctimas de los sacrificios de animales, los impuestos, remisión de votos y promesas, la gestión de sus bienes inmovilarios, gastos de mantenimiento y diversas operaciones financieras hacían del templo el centro religioso, económico y político de Israel.

El templo estaba vinculado a la toma de decisiones políticas. El sumo pontífice presidía el Sanedrín desde Anás en el 4 d.c. El Sanedrín era el Consejo de ancianos y maestros de la ley que gobernaban en nombre del imperio romano que ocupaba Palestina. Tambien era el polo religioso de la diáspora y regulaba la vida de fe de toda la población. Sólo los hombres podían participar plenamente en el culto, en el templo había lugares separados para mujeres, enfermos, extrangeros y menesterosos, todo un sistema discriminatorio.

¿Cuál fué la actitud de Jesús frente al templo?. Ciertamente como todo niño judío tuvo que ir a las peregrinaciones, asistir a las sinagogas (lugares donde se recitaban los salmos y las lecturas de la Torá) y despues mayor enseñó en la explanada del templo, lo respetó, pero también lo criticó.

Dice el relato de san Juan 4,21-23 que el Nazareno se encontró con una samaritana en el cerro Gazarím y ella le pregunta sobre los lugares sagrados para adorar a Dios: ¿Dónde se debe adorar a Dios en Jerusalén o en este cerro?, pero Jesús le resta importancia a la pregunta:

“Llega la hora en que ustedes adorarán al Padre, pero no será en este cerro o en Jerusalén. Ustede los samaritanos, adoran lo que no conocen, mientras nosotros, los judíos, adoramos lo que conocemos, porque la salvación viene de los judíos. Pero llega la hora, y estamos en ella, en que los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad”.

Una interpretación es que adorar a Dios no está limitado a un lugar, espacio o tiempo. La actitud de Jesús hacia el templo judío como centro de adoración era muy distinta a lo que piensan la mayoría de los judíos de esa época y de lo que piensan la mayoría de los líderes religiosos actuales. En cualquier lugar se puede adorar a Dios.

El profeta dijo sobre el templo:

“Jesús salió del templo y mientras caminaba, sus discípulos le hacían notar las imponentes construcciones del templo. Jesús les dijo: '¿Ven todo eso? No quedará piedra sobre piedra. Todo será destruido'” Mateo 24,1-2. Los líderes religiosos deberieron haberse escandalizado tomando sus palabras literalmente, cuando él se refería a su propio cuerpo, por eso: “Lo oyeron los sumos sacerdotes y los escribas y buscaban el modo de darle muerte” Marcos 11,18. Tambien es conocido su fuerte denuncia en la explanada del templo donde arrojó al suelo las mesas de los mercaderes lo que no dejó indiferentes a muchos.

En la cruz una de las acusaciones de los militares será de pronunciarse contra el templo: “Los que pasaban lo insultaban y decían: 'Tu que destruyes el templo y lo levantas de nuevo en tres días, sálvate a ti mismo y baja de la cruz'” Marcos 15, 29.

Despues de su asesinato, las primeras comunidades cristianas comenzaron a tomar distancia del templo de Jerusalén, por ejemplo san Esteban fué apedreado por decir que Dios no habita en templos hechos por manos de hombres, Hechos 7,48. Y san Pablo asegura que el templo del Espíritu Santo no radica en Jerusalén sino en los cuerpos de los creyentes y en la vida en comunidad, I Corintios 3,16.

Todo lo anterior no quiere decir que Jesús critique a los que asisten hoy al templo, lo que quizo decir es que lo esencial y verdaderamente importante es el amor a Dios y al prójimo: “Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu mente. Este es el primer mandamiento. Y el segundo es amar a tu prójimo como a ti mismo” Mateo 22, 37-40. A juzgar de lo que fué toda la vida de Jesús, siempre preocupado por los demás y en especial por los pobres, los dos mandamientos estan estrechamente unidos, amar a Dios en los demás, no hay un segundo o primero.

Referencias

Biblia Latinoamericana. Editorial Verbo Divino (1989).

Echegarray H. La Práctica de Jesús. Ediciones Sígueme (1982).

Esteban Londoño Juan. Jesús y Jerusalén. Portal, Lupa Protestante, (Dic. 19, 2017).

Forte B. Jesús de Nazaret: historia de Dios Dios de la historia. Ediciones Paulinas (1981).

Harder-Haider, A. Vocabulario Práctico de la Biblia. Editorial Herder (1975).