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MUNDIAL

Brasil: El obispo de los indígenas y campesinos

Por Roberto Torres Collazo
Editor del Colectivo Cambio Social
24 de julio de 2021

El 8 de agosto se cumplirá un año del fallecimiento del obispo, poeta y místico Pedro Casaldáliga. Obispo de Sao Felix do Araguaia, Brasil. En este humilde homenaje nos parece oportuno hacer un breve repaso del libro “Um bispo contra todas as cercas: a vida e as causas de Pedro Casaldáliga” o Un obispo contra todas las cercas: la vida y causas de Pedro Casaldáliga (2019) de la destacada periodista brasileña Ana Helena Tavares, que basándose en su experiencia personal con Pedro, testimonios y documentos de primera mano nos presenta algunos momentos significativos de su vida.

Pedro nació en una familia católica conservadora el 16 de febrero de 1928 en Barcelona. Siendo sacerdote fue designado como misionero a Guinea Ecuatorial, África, hasta llegar a Brasil en 1968. Vivió en Brasil en una humilde casa donde siempre sus puertas estaban abiertas, tenía una pequeña capilla y dos mesas; una para comer con todo el que llegaba inesperadamente y para reuniones y otra que usaba como escritorio. Él mismo lavaba su ropa, los platos y cocinaba. No se expresaba en términos individualistas “Yo organicé” “Yo hablé”, por el contrario se expresaba términos colectivos: “Nosotros fuimos a la protesta” “Nosotros celebramos la misa” y no le gustaba que lo trataran con privilegios por el hecho de ser obispo. Frecuentemente decía que todos somos iguales. Su ordenación de obispo se celebró de manera muy sencilla en una iglesia pobre, con atuendos indígenas, cantos locales y usando un sombrero de campesino, en vez de la tradicional mitra.

No era un obispo de estar metido todo el tiempo en su oficina. Era de estar más en la calle y en los campos acompañando al pueblo en sus sufrimientos, necesidades y aspiraciones. Inspirado en su fe en Jesús de Nazaret, su práxis liberadora no pocas veces lo metió en problemas con los hacendados, debido a sus constantes denuncias proféticas públicas contra el robo de tierras y represión hacia los indígenas y campesinos. Varias veces fue amenazado de muerte, calumniado, acosado, marginado, difamado y bajo la dictadura militar (1964-1985) cinco veces se intentó su expulsión de Brasil pero gracias a varios valientes laicos (que no pertenecen la clero) obispos y sacerdotes el gobierno no pudo.

Cuando fue a la Nicaragua en los años 80 a solidarizarse con los sufrimientos del pueblo nicaragüense que sufría los estragos de la guerra de EE.UU, su visita fue rechazada por algunos de los obispos principales del país. Aún así, fue muy bien recibido por las comunidades eclesiales de base, sacerdotes, monjas y el pueblo. También en Brasil algunos obispos criticaron en público y en privado su visita a Nicaragua.

Relata Tavares que en una ocasión, mientras no se encontraba Pedro en su casa, llegaron policías y se llevaron libros escolares para una escuela primaria que enseñaban a leer y escribir a niños y adultos campesinos e indígenas. De acuerdo a al reporte policial eran libros “comunistas” y que el obispo animaba a la lucha armada. Pedro al revisar la biblioteca notó que los policías dejaron un Nuevo Testamento. Él tomó el Nuevo Testamento y se lo envió al cuartel de policía acompañada de una nota que decía: “Se les olvidó el libro más revolucionario que tenemos”. Pedro nunca creyó en la lucha armada. Sus luchas no tuvieron como motor la política partidista, si no una profunda experiencia de Dios.

Tavares en su libro presenta fotos originales de Pedro transportándose en bicicleta, visitando prisioneros, rodeado en medio de una multitud en las fiestas de las y los mártires, con el canta-autor Milton Nascimento en la época en que fue escrita la Misa de los Quilombos (descendientes de esclavos), conversando con el obispo progresista Don Evaristo Arms y abrazando al comandante Fidel Castro.

Pese a las incomprensiones, persecuciones, difamaciones, amenazas de muerte, riesgos, no claudicó, Pedro fue un obispo de los pobres, para y con los pobres hasta su muerte a sus 92 años, dejó un testamento donde pedía que lo enterraran en el cementerio de los indígenas. Así fue. Fue alguien con los ojos fijos en Jesús de Nazaret. Como fueron también sus hermanos que ya partieron a la Casa Paterna/Materna de Dios los obispos san Oscar Romero de El Salvador, monseñor Juan Giraldi de Guatemala, monseñor Antulio Parrila-Bonilla de Puerto Rico y otros. Gran defensor de los de “abajo”. Humilde, sencillo, valiente que junto a sus colaboradores apoyaron los movimientos populares. Pedro fue coherente con el Evangelio, fue ejemplo de vida pastoral para muchos obispos, pastores, cristianas y cristianos.

“Al final de la vida me preguntarán:
¿Has vivido? ¿Has amado?
Y yo, sin decir nada,
Abriré el corazón
Lleno de nombres”

Pedro Casaldáliga