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MUNDIAL

Capitalismo, ¿bueno o malo para la humanidad?

Iván Prado Sejas
Escritor, psicólogo, docente universitario y presidente del PENCOCHABAMBA
Fuente: Alai
4 de Febrero de 2016

Ciertamente, hay personas que piensan que para criticar al capitalismo es necesario ser economista o profesional afín. Si el capitalismo fuera como la ingeniería nuclear o la astrofísica, seguramente, para un análisis profundo, correspondería a profesionales o investigadores de las citadas áreas hablar específicamente al respecto, si bien, todo ciudadano que lee, podría dar una opinión personal al respecto de cualquier área en función de su vivencia o de su experiencia; por eso, sobre el capitalismo pueden opinar desde un científico social hasta un paisano que vive bajo la influencia de este sistema.

En estas circunstancias, podemos pensar y criticar muchos más, al respecto de los modelos sociales porque vivimos influenciados por ellos. Y toda crítica tendría que ser para mejorar, por muy dura que sea ella, y evitar la indiferencia frente a aquello que puede ocasionar una hecatombe social o planetaria. Hoy, ya no es época para que nos quedemos callados frente a muchas iniquidades generadas por un modelo socioeconómico en decadencia, como es el capitalismo.

No podemos negar que el capitalismo, ha dado al hombre la posibilidad de un gran desarrollo en muchas áreas del conocimiento. Ha posibilitado que el hombre avance de la "carreta" al "avión supersónico" y el hombre se mueve en una sociedad jamás soñada hace dos siglos por el hombre común. Solamente algunos escritores de ciencia ficción, como Edgar Allan Poe y Julio Verne vislumbraron algunos aspectos de la sociedad actual. Pero, esto no significa que debamos cerrar los ojos frente a las debilidades y a la futura expiración del capitalismo.

Hoy estamos en el siglo XXI y el capitalismo ha tomado dos vertientes: La del hipercapitalismo (capitalismo salvaje), usado por varias potencias mundiales y su séquito de países dependientes, con gobiernos afines, y el capitalismo con tendencia social utilizado por gobiernos progresistas de muchos países del orbe.

El Hipercapitalismo es el suprasistema donde surge una nueva economía que favorece a pocos, los megamillonarios, quienes buscan hacer más fortuna sin importar la dignidad humana, ni el equilibrio ecológico. Estos megamillonarios, que no pasan de los mil sujetos, o tal vez menos o un poco más, no importa, se ocupan de hacer crecer sus empresas en todo el orbe usando todos los medios a su alcance. Hacen creer que están implementando el capitalismo para beneficio del individuo y del desarrollo de los países. Sin embargo, en un mercado globalizado, a través de sus empresas, intentan obtener las mayores ganancias posibles, sin importar si eso genera un aumento inusitado de la pobreza, de la inseguridad ciudadana, de la contaminación ambiental, de la violencia, o de otro tipo de calamidad.

El Capitalismo con tendencia social (está frase seguramente es una herejía para algunos sociólogos) viene siendo aplicado, paradójicamente, en muchos de los países con gobiernos progresistas. Ante el fracaso de las doctrinas del comunismo o socialismo materialistas, los gobernantes de izquierda, no han tenido otra opción que continuar usando el capitalismo, pero dándole un giro social, para que beneficie a las mayorías, o sea, al pueblo. Y por los frutos que vemos, esa postura de continuar usando el capitalismo y darle un giro social está teniendo resultados positivos, a pesar de los falsos agoreros, que defienden al capitalismo “puro” (y por detrás al hipercapitalismo), asumiendo posturas de derecha o de ultraderecha, o muy a pesar de aquellos que defienden posiciones de ultraizquierda, o de la propia izquierda llamada de “infantil”. Si bien, se puede vislumbrar que este “capitalismo con tendencia social” es simplemente un paso más hacia un socialismo democrático (Los progresistas tienen que ser también estratégicos en un mundo donde el capitalismo se convirtió en un espejismo que oscurece la sabiduría humana).

En las condiciones actuales, se puede conjeturar que en un plazo perentorio el capitalismo está destinado a desaparecer, puesto que ya cumplió su función principal: generar las condiciones para que la humanidad asuma otro modelo socioeconómico acorde a los nuevos tiempos y al nuevo ciclo existencial de nuestro planeta. Así, se proyectan distintos modelos sociales que le darán una respuesta adecuada a las necesidades del hombre, donde lo espiritual será el ingrediente primordial para la vida futura.

Una sociedad espiritualista (desde cualquier enfoque espiritual) es totalmente incompatible con una sociedad capitalista. Debemos entender el capitalismo como un sistema que tiene razón de ser en un periodo de evolución del hombre. La proyección hacia el futuro es: En cuanto el hombre se vaya aproximando a una madurez personal y espiritual, el capitalismo se va minimizando hasta desaparecer. En una sociedad espiritualista (de cuño budista, cristiano, mahometano, judío, hindú, etc.) los bienes que el planeta nos otorga son de todos y para todos. La etapa infantil de la posesión del objeto desaparece y surge un hombre maduro que disfruta y comparte las riquezas de la Tierra y del Universo. Una sociedad capitalista, como la que vivimos, se centraliza en el desarrollo del individuo, defiende la propiedad privada, acumula riqueza y poder, desarrolla la tecnología y explota los recursos naturales. Cuando el equilibrio predomina, de pronto el capitalismo todavía es útil, y se le puede dar también un giro social como lo hacen los gobiernos progresistas o de izquierda. Sin embargo, cuando predomina el desequilibrio, existe una sobrevaloración del individuo sobre el grupo y va en contra de la misma sociedad; la propiedad privada no tiene límites, y cualquier personaje puede tener lo que venga en gana, con tal de que tenga el dinero para pagarlo, aun yendo en detrimento de otros; se acumula poder y riqueza sin importar los medios y los efectos (En las revistas científicas sociales se indica que la mayor parte de la riqueza del planeta la tienen simplemente unas mil familias y que no son nada frente a los miles de millones que somos nosotros); se desarrolla tecnología no sólo para producir lo necesario para el hombre, sino también para producir lo superfluo (la basura con precio); se explota los recursos de la naturaleza sin importar si esos recursos no son renovables, sin considerar que se va aumentando la contaminación, sin tomar en cuenta la destrucción del hábitat de animales y humanos, y; se mantienen enfermedades para que las empresas farmacéuticas lucren. Y para que no te quede la menor duda de que el capitalismo es un sistema incompatible con una sociedad espiritualista o comunitaria y que es simplemente un modelo para una cierta época (y no es eterno), es necesario que sepas que el anti-valor fundamental bajo el cual se sustenta el capitalismo actual es: El acaparamiento.

Siendo esta la realidad, es importante para la gente de la calle sepa comprender que los sistemas socioeconómicos son para un tiempo, luego hay que cambiarlos y transformarlos, en la medida que el hombre crece y evoluciona. No debemos hacernos engañar con el dictado de que “si estás contra el capitalismo es porque eres comunista”; o, de “si estas contra el comunismo, entonces, tienes que apoyar al capitalismo”; o, “el único sistema que tiene validez es el capitalismo (o el comunismo)”. En estas circunstancias, es necesario tomar conciencia de que el capitalismo es un sistema temporal, simplemente para una época. No es un sistema que tiene que durar por toda la eternidad, como quieren hacer creer de manera directa o sutil aquellos que son proclives al capitalismo o al hipercapitalismo.

El capitalismo, mientras exista, puede ser usado para bien o para mal. En este contexto, el gobierno de Obama tendría que apoyar a todos los países que viene usando el capitalismo con tendencia social, pero paradoxalmente, Obama, en su discurso dice apoyar a los gobiernos democráticos, pero en la práctica continua con la línea tradicional de un gobierno de derecha, apoyando en el fondo la vigencia del hipercapitalismo. Sabemos que las cosas no son fáciles en Estados Unidos, puesto que se tiene al frente a los republicanos, que asumen, en general, una postura ultraderechista, por lo tanto defienden acérrimamente al hipercapitalismo (disfrazado de capitalismo). En ese contexto, Obama, tendría que mostrar a su país que quienes están usando el capitalismo como tendría que usarse son los países con gobiernos progresistas, y habría que apoyar a esos países. Los gobiernos de derecha, apoyados por el gobierno de Obama o por cualquier otro del orbe capitalista, por mucho que tengan en su seno a gente “demócrata” y “honesta”, por las presiones del propio sistema salvaje, al final llegan a apoyar la vigencia del hipercapitalismo, con todas las consecuencias funestas para los pueblos y para el propio planeta.

Los pueblos deben continuar apoyando a los gobiernos progresistas, porque estos, (con errores o sin errores, no son perfectos) están intentando gobernar con equilibrio, favoreciendo a las clases populares y manteniendo a raya a los grupos de poder. Fuera de elegir a gobernantes progresistas, se debe también exigir a estos que cumplan con sus planes. Se debe observar, evaluar, analizar, criticar las acciones de estos gobernantes, puesto que ellos se deben al pueblo que los eligió. Si no cumplen con sus ofertas, debemos criticarlos, de manera positiva o de forma dura, para que ellos no defrauden al pueblo. La única forma de que el planeta siga adelante, es con gobiernos progresistas. Estos gobiernos, fuera de usar el capitalismo con tendencia social, deberán buscar nuevos modelos socioeconómicos que respondan a las necesidades de las personas, y del propio planeta. No hay que temer a que este modelo se llame socialismo democrático, socialismo comunitario, u otro, pero que responda a las necesidades de la humanidad en su conjunto. Y este nuevo modelo, si se desea que tenga éxito, tendrá que tomar en cuenta los valores espirituales que están inmersos en las principales doctrinas religiosas del mundo. Por esto se dice que “Aquel que Viene, no viene a instaurar un gobierno capitalista o comunista (en el sentido clásico), sino que viene a implementar el Plan Divino”, y para comprender este plan debemos despojarnos de ideas maniqueistas o de ideologías anquilosadas.

Una vida espiritual involucra asumir que los bienes del planeta son de todos, y que el sistema de vida a ser implementado en la tierra tendrá que tener mucho menos de capitalismo y mucho más de socialismo democrático. La única propiedad privada que tiene el hombre es su cuerpo físico, y todo lo demás es propiedad de la humanidad y de los reinos que conviven con el hombre y que comparten las riquezas de la Tierra.



Iván Prado Sejas es Escritor, psicólogo, docente universitario y presidente del PENCOCHABAMBA