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MUNDIAL

Perfil del racista latinoamericano

Roberto Torres Collazo
Editor asociado del colectivo de Cambio Social, EEUU
31 de Enero de 2016

El racista latinoamericana tiende a negar su racismo. ¡Hasta lo critica!. De la boca para afuera dice que el racismo es malo. Jura y per jura que no es racista ¡jamás en la vida! se considera racista. Sim embargo cuando no habla de racismo, sus comentarios, sus bromas, su mentalidad, sus “analisis”, su vestimenta, su lenguaje, sus intereses y estilo de vida lo delata. Veamos algunas características del racista latinoamericano.

Es muy frecuente que el racista latinoamericano pertenezca a las altas esferas de la sociedad latinoamericana, pero también hay muchos pobres que influenciado por ellos reproducen muchas veces inconcientemente su racismo. El racista aunque no reniegue de su identidad cuando se encuentra de vacaciones en hoteles de lujo o en negocios fuera de sus país, suele detestar su país. Para ellos cualquier país rico es mejor que el suyo. Para el racista las mujeres europeas son más lindas, los campos deportivos son mejores, niños que nacen con ojos azules y son blancos son más lindos, son más limpios, más inteligentes. Siempre todo es mejor. Tienden a despreciar su país.

Generalmente criminalizan a los pobres e indigenas, que como sabemos suelen ser marron o negros. Los consideran gente sin educación, gente problema, vagos, borrachos, alborotosos, emocionales, sucios, son irresponsables por tener muchos hijos. Se sienten incomodos cuando considen en una fiesta entre esa gente “extraña”. Para ellos cualquier barrio o sector marginado es “malo” o sospechoso. Cuando conducen su auto no pasan cerca o indican con su dedo: “ahí viven los ladrones”. Su lenguaje refleja su racismo como cuando le llaman a los negros macacos, en algunas regiones se usa la palabra “indio” como sinónimo de estúpido o poco inteligente. Algunos hasta declaran que todos esos malandros deberían matarlos.

Cuando ayudan a los pobres, son paternalistas y su asistencialismo se reduce a dar zapatos, donar ropa, dar dinero (que aveces lo anuncian a los cuatro vientos) pero nunca cuestionan las causas estructurales que llevan a los pobres a ser pobres. Porque tienen miedo a ser llamado “comunistas” y además no quieren meterse en problemas. También le resulta más cómodo y muy fácil practicar la caridad que abogar por cambios sociales, políticos y económicos sustanciales en favor de las mayorías.

No pocas veces cuando hablan de corrupción, no hablan sobre la corrupción que tal vez ellos mismos o algunos de sus propios parientes practican o practicaron. Cuando son descubiertos, regularmente sobornan jueces y policías. O pagan una multa y salen facilmente en libertad. Por el contrario, cuando son negros y pobres por el más minimo delito son encarcelados hasta por años.

Frecuentemente les encanta vestir ropa de marcas famosas, cazaldo caro, asistir a salones de belleza costosos, sus mascotas son llevadas a clínicas veterinarias privadas. Beben casi siempre whisky y vinos de Francia, Escocia, Italia y comen caros restaurantes, leen revistas comerciales superficiales y libros sensacionalistas, nada de profundidad cultural. La mayoría de la gente son vistas por el racista latinoamericano como inferiores, gente sin glamour, sin clase e ignorantes. Generalmente ignoran los niños que realizan trabajos forzados en el medio del tránsito limpiando cristales o vendiendo productos, porque supuestamente son peligrosos.

Esta mentalidad racista, insensible, denigrante, excluyente e injusta domina buena parte de las oligarquías latinoamericanas. Producto en buena manera de más de 500 años de colonialismo de todo tipo, las conquistas e intervenciones europeas, estadounidenses y actualmente los grandes medios de comunicación comercial y la educación capitalista. Mentalidad racista que todavía perdura en la cima de la piramide social, cultural, económica y política de latinoamérica.