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NACIONAL

EEUU: Ku Klux Klan: La larga historia estadounidense de tolerancia de organizaciones terroristas blancas

Garikai Chengu
CounterPunch
29 de Diembre de 2015

Traducido por Beatriz Morales Bastos

Esta semana se conmemora el 150 aniversario de la fundación de la organización terrorista que más muertes ha causado en Estados Unidos, el Klu Klux Klan (KKK).

Desde el 11 de septiembre extremistas vinculados a diferentes ideologías de extrema derecha, incluidos el KKK y extremistas judíos, han asesinado a muchas más personas en Estados Unidos que los extremistas motivados por el Islam radical.

El tristemente célebre KKK es un ejemplo con siglos de antigüedad del doble rasero del gobierno estadounidense cuando se trata de terrorismo. El KKK ha aterrorizado y asesinado a muchas más personas estadounidenses que los terroristas islámicos y a pesar de ser la organización terrorista más antigua de Estados Unidos, el gobierno estadounidense nunca ha considerado oficialmente al KKK organización terrorista y se ha limitado a clasificarla como “grupo de odio”*.

Al clasificar las acciones del KKK como de odio en vez de terroristas, el gobierno permite a esta organización (a diferencia del ISIS) celebrar manifestaciones libremente, recaudar fondos e incluso aparecer en la televisión para promover su ideología. Recientemente Franc Ancona, un líder del KKK, apareció en la televisión nacional y amenazó que usaría “fuerza letal” contra los manifestantes negros.

El KKK se fundó unos pocos días después de que se aboliera la esclavitud en Estados Unidos y desde entonces el distintivo del KKK siempre ha sido los ataques con bomba, los linchamientos, el emplumar con alquitrán y otras formas violentas de terrorismo contra quienes desafíen la supremacía blanca. En su momento de apogeo durante la década de 1920 los miembros del KKK eran más de 8 millones de estadounidenses repartidos por todo el país.

El simple hecho de que hasta el momento el gobierno estadounidense se haya negado a calificar al KKK de organización terrorista nacional dice mucho acerca de la implicación de la nación en la lucha contra el terrorismo y la promoción de la igualdad racial.

El atentado terrorista más mortífero en suelo estadounidense antes del 11 de septiembre fue el atentado de Oklahoma, cuyo cerebro fue Timothy McVeigh, un hombre estrechamente vinculado con círculos militares nazis de extrema derecha. En 2011 Kevin Harpham, un veterano de guerra, puso una bomba en el recorrido del desfile del Día de Martin Luther King Jr. En 2012 Wade Michael Page asesinó a seis personas inocentes en un tiroteo en un templo Sijh en Wisconsin. Page era miembro de una banda de supremacistas blancos y estaba asociado al violento grupo neonazi los Hammerskins. Hace unos meses un Gran Mago Imperial del KKK de Kansas empezó a matar a cualquiera que se le puso por delante mientras gritaba “Heil Hitler”. Una de las víctimas fue un chico de catorce años.

A pesar de la cantidad cada vez mayor de tiroteos contra masas y de ataques terroristas por parte de la extrema derecha los medios de comunicación eligen poner el foco de atención casi exclusivamente en una amenaza menor del Islam radical. De forma rutinaria los expertos de los medios exigen a musulmanes moderados que condenen los actos de violencia perpetrados por musulmanes. ¿Cuándo fue la última vez que ha visto usted presionar a sacerdotes blancos para que acudan a la televisión a denunciar la violencia de supremacistas blancos con el fin de demostrar que “no todos los cristianos” son así? ¿Cuánto tiempo se permitiría a un grupo musulmán que tuviera un historial violento como el KKK actuar libremente antes de ser cerrado por el Departamento de Seguridad Nacional? Está claro que el racismo exacerba la guerra contra el terrorismo tanto como el petróleo.

En gran medida la amenaza del terrorismo islámico nacional se ha elaborado de manera que la llamada guerra contra el terrorismo puede promover un militarismo lucrativo en el extranjero y erosionar las libertades civiles dentro del país.

Catorce años después del 11 de septiembre al Qaeda no ha cometido otro atentado dentro de Estados Unidos. Según un reciente informe de la Universidad de Harvard llamado The Exaggerated Threat of Home Grown Terror [La exagerada amenaza de un terrorismo nacional], “[…] desde 2001, a pesar de las advertencias de los funcionarios públicos y de analistas del terrorismo, sigue habiendo pocas pruebas de que el peligro de ataques terroristas en Estados Unidos por parte de musulmanes estadounidenses sea especialmente grave o creciente”.

Entonces, ¿por qué Estados Unidos ha gastado más de 6 billones de dólares en la guerra contra el terrorismo?

Datos del FBI desde 1980 hasta 2005 demuestran que los terroristas judíos cometieron el 7% de los actos terroristas dentro de Estados Unidos, lo que es más que el 6% cometido por extremistas islamistas. El hecho de que el FBI reduzca drásticamente los casos de terrorismo perpetrados por extremistas judíos debido al doble rasero racial institucional da más notoriedad a los datos estadísticos. ¿Cuántos estadounidenses conocen el nombre de Jewish Defense League [Liga de Defensa Judía] o Jewish Armed Resistance [Resistencia Armada Judía], dos grupos terroristas que han cometido más actos terroristas que sus homólogos musulmanes?

La tristemente célebre Jewish Defense League lleva actuando en Estados Unidos más de medio siglo. Un informe del Departamento de Energía sobre amenazas a instalaciones nucleares señala que “[…] durante más de una década la Jewish Defense League ha sido uno de los grupos terroristas más activos en Estados Unidos”. Sin que muchos estadounidenses lo sepan, estos extremistas judíos han enviado cartas bomba a la policía, atacado embajadas estadounidenses y lanzado bombas incendiarias a civiles que asistían a un concierto de la Orquesta Sinfónica.

Si el gobierno estadounidense se toma en serio la lucha contra el terrorismo nacional y los tiroteos contra masas, las estadísticas del FBI sugieren que debería vigilar agresivamente a varones blancos. El simple hecho de que las fuerzas de seguridad estadounidenses no se haya infiltrado en comunidades cristianas o judías conservadoras ni las haya espiado para impedir el extremismo violento de extrema derecha confirma que los musulmanes en Estados Unidos saben por experiencia que rezar a Ala hace que una persona sea sospechosa.

Los musulmanes estadounidenses tiene cada vez más la sensación de vivir en un Estado policial totalitario en el que el acoso, la creación de perfiles [de delincuencia] y la vigilancia son cada vez peores. El investigador Arun Kundnani ha demostrado que el FBI tiene un espía antiterrorista por cada 94 musulmanes en Estados Unidos, lo cual se aproxima a la ratio de la tristemente célebre agencia de espionaje de Alemania Oriental Stasi de un espía por cada 66 ciudadanos.

Los cristianos y judíos blancos no tienen que preocuparse de que un agente o informante secreto se haya infiltrado en sus iglesias, grupos de estudiantes o clubes sociales.

Durante siglos se ha permitido a los terroristas blancos en Estados Unidos un amplio espacio para difundir su ideología y para planificar y organizar sus atentados, lo que explica tanto la mayor letalidad relativa del terrorismo supremacista blanco como la mucho menor tasa de personas blancas condenadas por atentados.

En Estados Unidos se considera por acto reflejo que las personas de piel oscura y negra son terroristas, matones y pandilleros que merecen el desdén de la sociedad, mientras que las personas blancas que cometen atentados terroristas son simplemente “perturbados mentales” solitarios que necesitaban de la ayuda de la sociedad.

La decisión de la sociedad de denominar “terrorismo” un acto de violencia particular indica que el acto pertenece a un modelo más extendido que exige una consideración que va más allá de la lucha normal contra el crimen. El denominar los tiroteos contra masas por parte de supremacistas blancos como meramente “odio” o asesinato en vez de terrorismo resta importancia al significativo papel de las motivaciones racistas del autor y evita preguntas difíciles acerca del predominio del racismo en la sociedad estadounidense.

Hace poco James Holmes disparó contra 80 personas en un cine pero las fuerzas de seguridad lo detuvieron con vida y los medios de comunicación no calificaron su acción de terrorismo sino que en vez de ello se centraron en retratar a Holmes como “torpe” y tierno “solitario”. De forma similar, el supremacista blanco Dylan Roof asesinó a nueve feligreses en Charlestown y no solo fue detenido con vida, sino que además en el momento de la detención la policía describió a Roof como “muy tranquilo, muy calmado … no problemático”. La policía llegó incluso a comprarle un almuerzo en Burger King momentos después de que hubiera desatado el terror entre los feligreses. Comparado con los innumerables linchamientos actuales cometidos por la policía de chicos y hombres negros inocentes y a menudo desarmados, es evidente que las fuerzas de seguridad estadounidenses son tan tolerantes con el terrorismo blanco como son institucionalmente racistas hasta la médula.

A todas luces existe una costosa e insana obsesión entre la sociedad y las fuerzas de seguridad estadounidenses con evitar la violencia perpetrada por musulmanes estadounidenses, una obsesión que ignora tanto la amenaza real del terrorismo blanco como el constante terrorismo de la policía respecto a los ciudadanos americanos negros.

* Según Wikipedia, un grupo de odio es “un grupo o movimiento organizado que defiende y practica el odio, la hostilidad o la violencia hacia miembros de una raza, etnia, nacionalidad, religión, sexo, identidad de género, orientación sexual o cualquier otro sector de la sociedad”. (N. de la t.)

Garikai Chengu es un investigador de la Universidad de Harvard. Su correo es garikai.chengu@gmail.com.