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MUNDIAL

El periodismo humano

Roberto Torres Collazo
Miembro del colectivo editorial de Latinas Y Latinos Por El Cambio Social.
11 de Mayo de 2014
EEUU

Las escuelas de periodismo generalmente tienden a enseñar que el periodista tiene que ser neutral, imparcial, objectivo, tener balance, contar siempre los dos lados de la historia, mantener distancia de los eventos dolorosos para ser un profecional auténtico de la información.

Según esas escuelas hay que ver el punto de vista del que bombardea todo un pueblo para equilibrar el punto de vista de las víctimas. Al violador en serie hay que escucharlo para hacerle balance a las mujeres violadas. El credo del neutralismo permite ver y contar los hechos, pero no se le permite al periodista sentir ni hablar con voz propia. Por este camino no está permitido mostrar sus sentimientos de compasión, indignación y deseos de justicia. Todo un culto a la “imparcialidad”.

Los grandes medios de información masiva también dicen siempre que son imparciales, pero es falso. No existe la objetividad. El ejemplo que recoge el destacado periodista y analista de medios de comunicación Pascual Serrano en su libro: “Contra La Neutralidad” (2011) es muy ilustrativo, cuando dice que nadie es imparcial, muestra de ello es en el momento que un editor tiene que escoger para la primera plana en un periódico o noticiero entre un concurso de belleza o la denuncia de los derechos humanos. Añade que “el periodismo necesita corazón”.

De lo que estamos hablando es que el periodismo humano tiene que ser parcial, no imparcial. Dar voz a los sencillos, los indefensos, los débiles y a las víctimas de las injusticias. Es muy típico que en las guerras sean muchos los periodistas que recogen las voces de los generales militares estadounidenses, sus entrenamientos, sueños, heridos y muertes, pero nada de las familias y amigos que han perdido una madre, hijo, abuela o sobrino como producto de los ataques de los militares. Cubren guerras, pero desde las habitaciones de los hoteles, El veterano corresponsal de guerra Robert Fisk, les llama: “Periodistas de hotel”. Nadie sabrá cuanto sufre la gente si no los escuchamos pacientemente, si no se convive con ellos.

El gran periodista polaco Ryszard Kapuscinski fué uno de los mejores periodistas del mundo. Kapuscinski no se limitó a investigar y escribir, sino que pasaba meses en un lugar para sacar material de los ricos e intensos intercambios humanos. Sobre su experiencia entre los pobres en Africa cuenta que la pasó muy difícil. Invadido por mosquitos, sin luz, dormía en el piso en medio de mucha gente, casitas pequeñas de adobe y sumamente calurosas. Anota: “Es una experiencia bastante difícil... si pasaba la noche en el Hilton o en el Sheraton, no habría tenido conciencia de todos esos hechos que hacen a esas vidas. La profesión de reportero requiere, para poder escribir, que este tipo de experiencias se sientan en la piel”.

El periodismo humano no es indiferente a las injusticias. Lucha por darle protagonismo a los inmigrantes, a los sencillos, a la gente que limpia las calles y nuestros edificios, a los humildes, no a los generales militares, no a los famosos, ni políticos, super ricos y millonarios. Dar voz a los sin voz. Sabemos que no es fácil, por las presiones de los directores y editores, los grandes intereses económicos y políticos que entran en juego, pero no es imposible. No se trata de un periodismo político partidista, sino de hacer periodismo humano, con justicia y compasión. Un periodismo que siempre está en búsqueda a profundidad de la verdad.

La “neutralidad” es un mito. La imparcialidad es un invento de las escuelas de periodismo y de los grandes medios de comunicación para asegurar sus licencias de comunicación que otorga el gobierno. Y muy importante, para la alta gerencia no perder las enormes ganancias que optienen de las corporaciones anunciantes de la publicidad. Gabriel Garcia Márquez dijo una vez que el periodismo era el mejor oficio del mundo, añadimos, si se hace un periodismo humano.