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MUNDIAL

El Salvador: El asesinato de los padres jesuitas y las trabajadoras

Roberto Torres Collazo
Editor del colectivo de Latinas Y Latinos Por El Cambio Social, Massachusetts, eeuu.

El 16 de Noviembre se conmemora en el mundo 24 años de la masacre de seis padres jesuitas, una trabajadora y su hijita en El Salvador en el 1989, en la Universidad Centroamericana José Simeón Cañas, mejor conocida como la UCA. Corría la guerra donde el gobierno de la época reprimía poblaciones y aldeas enteras y desvastaban hospitales, escuelas, puentes, parques en todo el país. Muchos fueron los líderes Católicos y Protestantes que fueron víctimas de la represión apoyada por el gobierno de EEUU. Que dejó un saldo de pobres, según la Comisión de la Verdad, de 75,000 muertos, la mayoría a manos del ejército y los paramilitares llamados escuadrones de la muerte. También fué asesinado Monseñor Oscar Romero en 1980.

Entre ellos los padres jesuitas como Ignacio Ellacuría, rector de la UCA. También los sacerdotes que eran profesores universitarios como Segundo Montes, Ignacio Martín-Baró, Armando López, Juan Ramón Moreno y Juaquín López. Las trabajadoras de la UCA eran Elba Ramos y su hijita de 15 años, Celina. Como hicieron con gran parte del pueblo, habían sido horriblemente asesinados a balazos, pero en está ocación volaron en pedazos sus cerebros. En medio de la noche, despues de asesinarlos vilmente, los verdugos los sacaron de sus habitaciones de la universidad y los lanzaron al patio. Los cuerpos en el suelo fué una imagen que corrió el mundo.

El Presidente Alfredo Cristiani acusó, sin mostrar ninguna prueba, que la masacre fué responsabilidad de los ex-guerrilleros del Frente Farabundo Martí de Liberación Nacional. Que en la actualidad gobierna El Salvador. Con el tiempo investigaciones independientes determinaron y comprobaron que los verdaderos responsables materiales del terrible asesinato de los sacerdotes jesuitas y las trabajadoras fueron cometidos por oficiales y soldados del tenebroso Batallón militar Atlacatl. Frente a la evidencia, el Presidente Cristiani no le quedó otra que aceptar que el verdadero responsable de la orden de la masacre fue de su Coronel Guillermo Benavides.

A comienzos de Noviembre de 1989 el gobierno silenció los medios de comunicación social y puso una cadena nacional de Radio con la señal piloto de “Radio Cuscatlán” Todos los días a los jesuitas de la UCA se les señalaba de ser presuntamente agitadores, comunistas, subversivos, marxistas y hasta los responsabilizaban de la crisis que atravesaba El Salvador. Todo era falso y producto de la maldad para no perder sus privilegios, poder y riquezas. No faltaron las amenazas de muerte, como lo hicieron contra Monseñor Romero. Es posible que a los jesuitas les dispararon directo al cerebro para enviar el mensaje de que eran los que sembraban con sus ideas la inestabilidad en El salvador. Si estamos correctos, olvidaron como se ha dicho, que matan a las personas, pero no a las ideas.

¿Por qué los asesinaron?. Inspirados en el Evangelio de Jesús de Nazaret y no desde la política partidista, denunciaban valiente y abiertamente la represión, las masacres, la persecución, desapariciones, torturas en las cárceles del gobierno derechista de Cristiani. Por repudiar la codicia de las 14 familias más ricas y la ayuda militar del gobierno de EEUU. Por predicar en favor de la grandeza de la dignidad humana, por criticar las violaciones de los derechos humanos y civiles. Por proclamar el Reino de Dios y su justicia, por su opción por lo pobres. Opción que practicaban en su vida personal. Opción que trabajaban en sus escritos, conferencias, charlas, enseñando, asesorando las comunidades pobres, buscando apoyo de organismos internacionales para que pararan el terrorismo de estado, en sus misas, acompañando con su presencia las protestas pacíficas. Por oponerse a aquellos que idolatraban la propiedad privada. Como Cristo, por estar de lado del pobre, del hambriento, del indefenso, del débil y del marginado. Por ofrecer esperanza a los pobres de que superarían en la historia, no en el cielo, su cruz económica, política y militar que le impusieron los poderosos. En definitiva, por dar sus vidas como nuestro Maestro Jesús de Nazaret.