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MUNDIAL

Entrevista al intelectual afroestadounidense Cornel West

Por Ana Teresa Toro
El Nuevo Día
Puerto Rico
28 de Septiembre de 2013

Cornel West es un hombre de contradicciones expuestas. Su identidad la define en un orden claro: es primero cristiano, es el segundo hijo de sus padres, es un hombre negro libre y, finalmente, sucede que nació en los Estados Unidos. Algo de lo que no deriva orgullo propiamente mas sí celebra las maravillas de su nación y, a la hora de señalar sus sombras, es una de las voces críticas más presentes en los medios.

Critica desde adentro y desde afuera. Asegura que es “un cristiano, radical y trato de ser un hombre honesto”. Le recuerda al mundo que Jesús no fue abolicionista pero, con un tono de candidez que obtiene la empatía de quien lo escucha, dice que eso es cierto, pero también lo es que Jesús es su salvador.

Porque si una cosa está clara es que Cornel West antes de ser un intelectual público, antes de ser un académico con más de 20 libros publicados en torno a temas como cambio social, política, religión, raza, democracia, justicia y ética, entre otros; antes de ser uno de los críticos más feroces de las políticas del presidente Barack Obama, antes de ser actor y aparecer en dos de los filmes de la saga The Matrix o de incursionar en el hip hop; antes de todo eso, West es un cristiano que habla con autoridad de las atrocidades que llevan sobre sus espaldas las iglesias como instituciones.

A Puerto Rico llegó invitado por la organización puertorriqueña sin fines de lucro Mesa de Diálogo Martin Luther King y tuvo varias apariciones públicas, siendo la más notable su encuentro el pasado jueves con la comunidad ante un teatro universitario lleno a capacidad en el recinto riopedrense de la Universidad de Puerto Rico. Allí abogó por la descolonización de Puerto Rico y afirmó que los Estados Unidos siempre buscarán evitar que el tema del estatus de la Isla trascienda a un nivel internacional porque de así suceder, quedarían expuestos por haber perpetrado una relación “tan humillante”.

A Puerto Rico había venido muchas veces, tuvo una esposa puertorriqueña de El Bronx y está al tanto de los temas centrales de nuestra política. El Nuevo Día compartió con el doctor West en un aparte en el que conversó con el tono de voz pausado y de gradaciones perfectas, en el tono que todo predicador domina. Ese tipo particular de hablar que mezcla la candidez con la autoridad.

¿De qué manera personal se conecta con el tema de Puerto Rico?

Me toca a los niveles más profundos. Lolita Lebrón, Albizu Campos, ellos le hablan a lo más profundo de mi ser en términos de preservar el amor, la integridad, la honestidad ante una opresión brutal. Tenemos la misma lucha, el mismo reto. También es ver cómo, ante circunstancias que son sobrecogedoras, como la explotación militar y económica, este país sigue produciendo ciudadanos de tan alta calidad.

Más allá de todas las críticas que ha hecho a la administración Obama y a 50 años del discurso de Martin Luther King, Jr. ¿considera todavía que algo bueno pasó con la elección de un presidente negro?

Definitivamente pasó algo bueno porque demostró que mis conciudadanos eran menos racistas que sus padres y sus abuelos y ése es un tipo de progreso. Pero la profundidad del sufrimiento ha incrementado para las personas pobres y trabajadoras aún bajo un presidente negro. Sí, tiene un efecto simbólico enorme, pero en la calle en términos del desempleo masivo, la baja calidad de la educación, la vivienda decrépita, eso ha empeorado. No quiero negar de ninguna manera la ruptura simbólica que representó, pero cuando hablamos de sustancia hay que decir que el modelo neocapitalista colocó a un presidente negro simbólico que refuerza el modelo neoliberal. Y lo mismo pasa en Puerto Rico. ¿Que la cara del imperio sea negra ha ayudado a la gente pobre y trabajadora de Puerto Rico?

Al hablar de la raza hay muchas gradaciones. Se habla de afrolatinos, afroamericanos, hay muchas etiquetas por entender que lo que no se nombra no existe. ¿Qué piensa sobre ellas?

Hay racismo en Puerto Rico del cual no se habla lo suficiente. Sabemos del racismo en los Estados Unidos y de la imposición de las leyes de Jim Crow del imperio americano a Puerto Rico. Pero no puedes escapar del racismo únicamente con las etiquetas. Hay que ir más abajo, a la humanidad.

¿Cuál es su preocupación mayor respecto al llamado Jim Crow Jr.?

Que lleva a que una tajada de la familia de Dios se invisibilice, que simplemente no cuentan y se van por un agujero negro. Pero no creo que la realidad de nadie sea más fuerte que sus posibilidades. Todo el mundo puede vivir una transformación, ir en otra dirección, eso es cierto para los presos y para los presidentes.

Muchas personas que vienen de trasfondos marginales encuentran solo dos salidas: la cárcel o la iglesia. ¿Qué opina de eso?

O puedes convertirte en un entertainer como Jay Z o un atleta como Michael Jordan, pero es cierto que tienes opciones muy limitadas y solo los más talentosos o genios como Jay Z pueden llegar a ser exitosos y eso es parte de lo que es vivir bajo el modelo neoliberal. Se trata siempre de hacer dinero, de privatizar, de militarizar o de apoyar grandes bancos y corporaciones. Esas son las tendencias fundamentales del neocapitalismo. Eso va a llevarnos a la destrucción porque el modelo neoliberal no puede sostenerse.

Usted ha hablado de que vivimos un ‘blackout’ espiritual, ¿a qué lo atribuye?

El modelo neoliberal produce una cultura de mercado, que se basa en la estimulación y el espectáculo, en cómo se ven las cosas. Y terminas generando un espíritu de corazón frío, endurecido y de conciencia dormida con el propósito de hacer dinero a cualquier costo y eso es un blackout espiritual. El blues, por ejemplo, no se trata de hacer dinero, se trata de convertirse en una persona íntegra que puede sobrevivir la adversidad y aún conservar un sentido de bondad, de ternura, de paz interior.

¿Qué le falta por aprender a los Estados Unidos del blues?

El blues está predicado en la lucha contra las formas de la muerte. La muerte social que es la esclavitud; la muerte civil que es Jim Crow, el tú tener un cuerpo sin derechos; la muerte mental que es el odiarte a ti mismo, porque si eres negro no te gusta cómo te ves, no te gusta tu nariz, tu cara, tus labios, tu color, la textura de tu pelo o la muerte espiritual que es sentir que no tienes ningún valor. El blues trata acerca de eso. El problema con los Estados Unidos es que vivimos en una cultura que niega la muerta y las muchas formas de la muerte. Todo es sobre el placer superficial, el éxito superficial. Sabemos que todas las culturas que niegan la muerte producen una cultura muy superficial que no puede sostenerse por mucho tiempo.

En las últimas décadas ha habido un cambio de mentalidad. El lugar que ocupaba antes el intelectual en términos de influencia lo ocupan hoy día los deportistas, los chefs, las estrellas del espectáculo. Usted es un intelectual público, ¿ése es el único espacio que queda para un intelectual?

Siempre creo que va a haber y es bueno que haya una variedad de intelectuales. Los que hacen un gran trabajo desde la academia, los que se integran a movimientos, otros tienen acceso a los medios, se vuelven muy visibles y se perciben como rockstars. La pregunta es ¿cómo vas a usar eso? Al final la pregunta es qué tipo de ser humano quieres ser. Como producto del imperio americano yo tengo que bregar con el imperialismo americano dentro de mí. Me han enseñado que un bebé americano tiene más valor que un bebé de Guatemala y esa es la ideología del imperio americano y tengo que luchar contra eso.