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MUNDIAL

¿Qué pasa en Brasil?

Roberto Torres Collazo


¡El mundo está sorprendido!. Una nación que ha sido envidiada debido a su gran desarrollo en los últimos diéz años, que tiene más democracia, que han entrado más jóvenes a las universidades, donde la miseria ha disminuido, millones pasaron de la pobreza a la clase media, tiene más escuelas, más hospitales, más empleo, el poder adquisitivo creció, los pequeños negocios vieron aumentar sus ganancias y tiene uno de los mejores salarios de Latinoamérica, a pesar de todo esos beneficios las protestas sociales actuales han sido masivas. De todo esos avanzes somos testigos oculares, debido a nuestras frecuentes visitas a Brasil. Aún así nos preguntamos: ¿Qué quieren los brasileños?.

El intento de aumento de la tarifa de los trenes urbanos y los autobuses, fué la chispa que encendió las masivas protestas comenzaron en San Pablo, le siguieron Rio de Janeiro, Recife, Curitiba, Belo Horizonte, Belen, Fortaleza, Porto Alegre y se extendieron por toda la nación. Decimos que fué la chispa, porque estan protestando también contra la rampante corrupción política, contra la gigante represa de Belo Monte, en el río Xingú (Pará) que afectará las comunidades indígenas, contra la reforma agraria, “reforma” que ha recibido un simple barniz. Protestan, no contra los beneficios públicos que han optenido, sino exigiendo unos bienes y servicios de calidad. Que la educación y la salud sea de calidad, que el desarrollo no sea un “desarrollismo” basado unicamente en la producción, extracción y exportación sin el valor agregado. Exigen no sólo trabajos y buenos salarios, sino tambien buenos beneficios marginales y condiciones de trabajo. También demandan que hayan más empresas nacionales, debido al creciente número de empresas extrangeras que se estan afincando en el país. De paso protestan por el derroche en los preparativos de la Copa Mundial en el 2014 y los Juegos Olímpicos en el 2016 que tendrán lugar en Brasil.

A parte de la calidad de vida que exigen, los jóvenes, principales protagonistas de estas manifestaciones, que nunca habían tenido una computadora en sus casas, que han podido entrar en la universidad parece haber aprendido que no basta tener democracia, sino que quieren ser actores en esa democracia. Aprendieron que no basta votar de cada cuatro años, sino es que necesario que sea una democracia participativa. No quieren ser agentes pasivos en meramente recibir bienestar, sino avanzar para que ese bienestar llegue a todos. Que las decisiones que se tomen en el poder, quieren ellos sean más consultados. No es que sean mal agradecidos. Quieren ser co-responsables para un desarrollo integral cultural y no meramente economisista. Quieren simplemente, un Brasil mejor.

Por otro lado, estas protestas no son para derrocar el gobierno, ni pretenden cambiar el gobierno, ni son antiimperialistas, no quieren cambiar el mundo, sino quieren ser protagonistas de su propia historia. Desde nuestro punto de vista, estas protestas pueden fracasar a mediano o largo plazo, sino no hay un objetivo concreto y específico. Estos nuevos “indignados” de Brasil deben tener presente las experiencias de los indignados en otros paises; donde todo el mundo protestaba por todo, todo el mundo quería que el pastel fuera no sólo para unos pocos, sino que los indignados pudieran comer también. Al final, desaparecieron. Obviamente la falta de una meta clara y concreta no fueron los únicos factores, pero fueron determinantes elementos que contribuyeron al fracaso.

En resumen, lo que pasa en Brasil es que los jóvenes quieren calidad y no cantidad, en otras palabras, no simplemente quieren muchas cosas, sino calidad en los bienes y servicios públicos y terminar con el tsunami de la corrupción. Quieren también una democracia participativa y no meramente representativa. Desde luego, sino quieren fracasar en sus demandas, deben aprender de los indignados de otros paises. Los jóvenes españoles indignados en una pancarta decían acertadamente: “Si no nos dejan soñar, no los dejaremos dormir”, este puede ser el lema también de los jóvenes brasileños, sueños que apoyamos.