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MUNDIAL

Ecuador: Regímenes de centro-izquierda versus movimientos sociales radicales

James Petras
Rebelión
17 de Febrero de 2013

Traducido por Silvia Arana para Rebelión

Introducción

El 17 de febrero de 2013 habrá elecciones nacionales en Ecuador, en las que, según se pronostica, el actual presidente de centro-izquierda, Rafael Correa ganará por mayoría absoluta contra los candidatos de la oposición que cubren todo el espectro político, de derecha a izquierda. Correa, desde que fue electo por primera vez en el 2006, ha ganado una serie de elecciones, incluyendo la elección presidencial (2009), un referéndum constitucional, el voto por la constitución de la asamblea y sobre enmiendas constitucionales. El éxito electoral de Correa se produce a pesar de la oposición de las principales organizaciones indígenas -CONAIE (Confederación de Nacionalidades Indígenas de Ecuador) y CONFENIAE (Confederación de Nacionalidades Indígenas de la Amazonía Ecuatoriana), de los principales gremios públicos de maestros y profesores, de ONGs del medioambiente y de numerosos intelectuales, académicos y activistas sindicales de izquierda. También ha derrotado a la derecha tradicional pro Estados Unidos y a los partidos liberales, ha suprimido con éxito y enjuiciado los intentos de los mandamases de los medios corporativos y ha sobrevivido un golpe policial-militar abortado en 2010. Correa ha demostrado claramente su capacidad para ganar elecciones en repetidas oportunidades e, incluso, para aumentar el margen de victoria.

A partir de los triunfos electorales de Correa podemos plantear algunos temas fundamentales que trascienden el contexto de la política ecuatoriana y reflejan un patrón general aplicable en América Latina. Estos temas incluyen: 1) La relación entre movimientos sociales de masa y los partidos políticos ubicados a la izquierda del centro. 2) La relación entre las estrategias de desarrollo capitalista extractivo (minería, petróleo, agro-industria), políticas sociales de inclusión y posturas internacionales antiimperialistas a nivel regional. 3) La relación inversa entre el crecimiento y la consolidación de un régimen de centro-izquierda y el debilitamiento de los movimientos sociales radicales. 4) El problema de la convergencia inicial y de la divergencia entre los movimientos sociales radicales y los líderes de centro-izquierda; a medida que estos pasan de ser "oposición" a detentar el poder político. 5) Los cambios en el poder entre movimientos sociales y políticos, caracterizados por una mayor capacidad de movilización de los movimientos durante los períodos de oposición a la derecha, y de hegemonía de los políticos quienes dictan la agenda política para asegurarse puestos elegidos por voto.

La políticas del post neo-liberalismo

El movimiento electoral, "de la revolución ciudadana", de Correa opera desde posiciones en el gobierno y elude cualquier "contexto de clase". De hecho en términos amplios, atrae hacia los programas gubernamentales a los pobres de las ciudades y a las grandes compañías petroleras multinacionales; a los pequeños y medianos comerciantes y a la élite empresarial guayaquileña; a los trabajadores del sector informal y a empleados y profesionales del sector público, a los inmigrantes que retornaron de Europa (especialmente de España) y a las élites de la construcción, inmobiliarias y comunicaciones.

En política exterior, Correa ha apoyado y recibido el apoyo de los gobiernos de Cuba y Venezuela; el país es miembro del ALBA, ha recibido préstamos a gran escala y de bajo interés de China (a cambio de inversiones en el sector petrolero y acuerdos comerciales) y mantiene lazos comerciales con EE.UU. y la Unión Europea. Correa ha apoyado la integración latinoamericana y ha firmado contratos mixtos (de los sectores público y privado) con compañías petroleras estadounidenses y europeas. Se dice socialista pero condena a la organización marxista FARC y elogia al régimen neoliberal de Colombia; cuestionó la deuda externa ilegal (reduciéndola en un 60%) y al mismo tiempo mantiene el dólar como moneda del Ecuador y abre las puertas de los territorios indígenas a la explotación capitalista extranjera.

En resumen, las políticas post neoliberales de Correa combinan el populismo nacionalista con políticas neoliberales, mucho más que el socialismo del siglo XXI que él proclama.

Las perspectivas del gobierno del presidente Correa



A través del hemisferio y a nivel interno, las opiniones frente a las políticas extractivas nacional-populistas y la estrategia de desarrollo del régimen de Correa son polarizadas. La extrema derecha de Washington y sus acólitos en los medios corporativos rotulan al gobierno de Ecuador de "régimen socialista" radical. Consideran que el apoyo de Correa al "socialismo del siglo XXI" es un hecho, en gran parte debido a los vínculos de Ecuador con Venezuela, a la pertenencia al ALBA, a la renegociación de la deuda externa y al asilo político otorgado a Julian Assange, líder de WikiLeaks, en la embajada ecuatoriana en Londres.

Marginalizados del poder por los triunfos electorales de Correa, los partidos de derecha, tanto tradicionales como nuevos (Sociedad Patriótica) repiten el rótulo de "izquierdista radical" usado por Washington. Las críticas de las políticas nacionalistas iniciales de Correa, de la renegociación de la deuda y de los contratos petroleros, se han moderado ahora debido a los recientes contratos de inversiones de largo plazo firmados con varias compañías petroleras multinacionales. La oligarquía ecuatoriana condena públicamente a Correa mientras que, en privado, negocian diligentemente contratos entre el sector público y el privado, especialmente en las áreas de comunicación, infraestructura y finanzas.

El movimiento indígena, la CONAIE, campesinos, el gremio docente, las ONGs del medio ambiente y algunos pequeños partidos de izquierda se oponen a Correa por su "entrega" a las grandes compañías petroleras, su poder centralizado y autoritario, la expansión de la explotación de la región amazónica y el cerco territorial y las amenazas a la tierra, el agua y la salud de los indígenas.

En contraste a la oposición interna de los movimientos sociales, Correa cuenta con un fuerte apoyo por parte de la vasta mayoría de los partidos izquierdistas y de centro-izquierda de los gobiernos latinoamericanos, liderados por Cuba y Venezuela. Este apoyo radica principalmente en las políticas antiimperialistas de Correa y en su apoyo a la integración regional y oposición al intervencionismo y la política de desestabilización de EE.UU. en la región.

A nivel internacional Correa tiene amplio apoyo entre los sectores progresistas de EE.UU. y Europa, especialmente por sus políticas iniciales de cuestionamiento de la legalidad de la deuda externa, su propuesta retórica de conservar la Amazonía a cambio de transferencias de dinero desde la Unión Europea y EE.UU., la renegociación de los contratos petroleros y los pronunciamientos antiimperialistas. Lo más importante de todo es que Correa ha logrado garantizar la ayuda financiera, a largo plazo y a gran escala, de China a cambio de la explotación de los recursos petroleros ecuatorianos.

Con el respaldo de sus aliados en América Latina y Asia, Correa ha resistido eficientemente las presiones exteriores de EE.UU. Internamente, ha construido un bloque formidable de fuerzas sociales y políticas que han contrarrestado tanto la oposición de la derecha oligárquica como la de los otrora poderosos movimientos sociales. El constante apoyo a Correa manifestado por las mayorías populares, desde el 2006 hasta el presente, 2013, se basa esencialmente en los siguientes factores: incrementos sustanciales en el gasto social que beneficia a los sectores populares y políticas nacionalistas que aumentan los ingresos estatales. El paradigma integral de Correa, sin embargo, está basado en un solo factor: el alto precio del petróleo y el boom en los precios de las commodities que sirven para financiar su estrategia de crecimiento y gasto para la inclusión social en base al capitalismo extractivo.

Las bases sociales de la popularidad de Correa

Las victorias electorales de Correa están directamente relacionadas con sus políticas sociales populistas financiadas por sustanciales ingresos petroleros producidos por los altos precios y el enorme incremento resultante de las renegociaciones de los contratos petroleros con las multinacionales - impuesto que se incrementó del 20 al 85%. Correa aumentó el presupuesto de salud de $561 millones a $774 millones en el 2012; aproximadamente el 6,8% del presupuesto nacional. Se multiplicaron las clínicas, el precio de los medicamentos se redujo como resultado de un convenio con la firma cubana Enfarm, y mejoró el acceso a la atención médica. El gasto en educación subió del 2,5% del PBI en el 2006 al 6% en el 2013, incluyendo un programa de almuerzo gratuito para los niños. El gobierno incrementó el subsidio estatal para vivienda, especialmente para las clases de bajos ingresos al igual que para los inmigrantes que regresaron al país. Para reducir el desempleo, Correa asignó $140 millones en micro créditos para financiar a los que trabajan por cuenta propia, una medida especialmente popular entre los trabajadores del sector "informal". Al reducir la deuda externa en dos tercios (el servicio de la deuda representa 2,24% del PBI), Correa aumentó el salario mínimo y las pensiones para los trabajadores con menores ingresos, y por lo tanto expandió el sistema de seguro social.

Los subsidios contra la pobreza, de $35 mensuales (incrementados a $50 dos semanas antes de las elecciones) que se asignan a las familias pobres y las personas con discapacidades, y los préstamos con bajo interés permitieron que Correa consolide su influencia y divida a la oposición en los sectores rurales. Las élites empresariales, especialmente en Guayaquil, y los sectores de empleados públicos de escalafones medios y altos, en particular del área petrolera, se han convertido en importantes sostenes de la máquina electoral de Correa.

Como resultado de los subsidios y contratos estatales, del respaldo de los sectores empresarial y financiero y del debilitamiento de las élites de los medios de comunicación opositores, Correa ha construido una amplia plataforma electoral que cubre un amplio espectro de clases. La "alianza popular" en su totalidad tiene, sin embargo, una relación altamente dependiente del pacto de Correa con las multinacionales extractivas. Su éxito electoral es el resultado de una estrategia basada en los ingresos de un sector exportador restringido. Y el sector exportador es altamente dependiente de la expansión de la explotación petrolera en la región amazónica, que afecta negativamente la vida y la salud de las comunidades indígenas, las que a su vez están muy bien organizadas y en estado permanente de "resistencia".

Contradicciones del capitalismo extractivo y las políticas populistas: Amenazas y desafíos de los movimientos sociales



En Ecuador, el sector petrolero registra más del 50% de los ingresos por exportaciones y más de un tercio de los impuestos a las ganancias. La producción ha oscilado en alrededor de 500.000 barriles diarios, con un incremento de las acciones vendidas a China y una disminución de los porcentajes de EE.UU. En febrero de 2013, Ecuador firmó contratos por $1,7 mil millones de inversiones para la exploración en el área amazónica con multinacionales de Canadá, EE.UU., España y Argentina en asociación con la compañía petrolera estatal Petroecuador.

La mayor inversión petrolera en la historia de Ecuador pronostica un incremento en los niveles de derrames de petróleo, de contaminación de las comunidades indígenas y de intensificación de los conflictos entre la CONAIE y sus aliados contra el gobierno de Correa. Dicho de otro modo, mientras Correa sostiene y consolida su base electoral fuera de la región amazónica y regiones adyacentes incrementando el gasto social gracias al aumento de los ingresos petroleros, al mismo tiempo, agudiza la desposesión y la alienación de los movimientos sociales del interior del país.

La inclusión social de las masas urbanas y la difusión de una política externa independiente se basan en un alianza con el capital foráneo extractivo de las multinacionales lo que va en detrimento del territorio y de la economía de los pequeños productores y de las comunidades indígenas.

El récord histórico de contaminación por explotación petrolera no respalda los argumentos esgrimidos por el presidente Correa sobre protección del medio ambiente. La explotación petrolera de Texaco/Chevron en la zona amazónica contaminó millones de acres, desplazó a cantidades de comunidades indígenas y fue la causa de que miles de habitantes sufrieran enfermedades; por ellos los tribunales fallaron a favor de una compensación de $8 mil millones de dólares a 30.000 indígenas afectados.

Recientemente Correa propuso contratos petroleros con multinacionales para explotar 13 bloques de la prístina región amazónica, en una superficie de millones de acres habitada por siete nacionalidades indígenas, sin consultar con esas comunidades y por lo tanto en contravención de la propia constitución recientemente aprobada durante su mandato. A causa de las movilizaciones del 28 de noviembre de 2012, lideradas por la CONAIE y CONFENIAE en Quito y en las regiones donde se hará la explotación minera, hubo demoras en las perforaciones petroleras. Frente a la tenaz resistencia indígena, Correa ha mostrado el lado autoritario de su gobierno: amenazando con enviar la policía para ocupar e imponer la "ley marcial", agudizando de esa manera los prospectos de una guerra política prolongada.

Mientras que Correa puede ganar, y de hecho, gana, elecciones nacionales y derrota a la oposición electoral en las grandes ciudades, se enfrenta a una mayoría decidida y organizada en la región amazónica y zonas adyacentes. El dilema de Correa es que a menos que diversifique la economía y alcance un compromiso vía consulta con la CONAIE, su dependencia en los nuevos contratos mixtos de explotación petrolera lo conducirá a una alianza de facto con las élites exportadoras tradicionales y a una mayor dependencia con los militares y la policía.

El contexto latinoamericano



La apuesta de Correa por una estrategia basada en las exportaciones de bienes primarios creó un mega ciclo potencialmente dinámico pero con una dependencia creciente en los precios altos del petróleo. Cualquier baja significativa en el precio conduciría a una caída estrepitosa del gasto social, con la consiguiente erosión de su coalición social y el fortalecimiento de la oposición de derecha y de los movimientos sociales radicales. Los repetidos triunfos electorales de Correa y el amplio apoyo del espectro político progresista y antiimperialista ha debilitado seriamente a los movimientos sociales radicales, una dinámica que se repite a través de América Latina.

En las décadas anteriores, en el período que va de los noventa a los primeros años del 2000, los movimientos sociales radicales fueron protagonistas del derrocamiento de los regímenes neoliberales apoyados por EE.UU. Ecuador no fue la excepción: la CONAIE y sus aliados urbanos lograron expulsar del poder al presidente neoliberal Mahuad el 21 de enero de 2000, y se unieron con Correa para terminar con el régimen de Lucio Gutiérrez en abril de 2005. Luchas populares y movilizaciones sociales similares echaron del poder a gobiernos neoliberales en Argentina y Bolivia, mientras que políticos de centro izquierda apoyados por movimientos sociales tomaron el poder en Uruguay, Brasil, Paraguay y Perú.

Una vez en el poder, estos gobiernos de centro izquierda adoptaron estrategias basadas en la exportación de commodities, establecieron acuerdos con corporaciones multinacionales y desarrollaron amplias alianzas electorales que marginalizaron a los movimientos sociales radicales; con la ayuda de mayores ingresos sustituyeron las transformaciones estructurales con una redistribución populista.

La política extranjera nacionalista estuvo combinada con alianzas con grandes multinacionales corporativas de commodities. En la medida en que emergieron las luchas de clase, los líderes populistas las condenaron y hasta acusaron a sus líderes de "conspirar con la derecha" -cuestionando así la legitimidad de sus demandas y luchas.

Los gobiernos post neoliberales de América Latina, con sus políticas populistas de "inclusión" social han sido mucho más efectivos en reducir el atractivo y la influencia de los movimientos sociales de masa que los regímenes neoliberales represivos respaldados por EE.UU.

Los movimientos sociales que optaron por apoyar e integrarse a los gobiernos de centro-izquierda (o que fueron cooptados por ellos) se volvieron una correa de transmisión de las políticas extractivas. Reducidos a mero administradores de los programas contra la pobreza y defensores del modelo de capitalismo extractivo, los líderes cooptados arguyen a favor de un incremento de los ingresos impositivos y del gasto social y, ocasionalmente, hacen llamados por la defensa del medioambiente. Pero, en última instancia, la "estrategia desde adentro", adoptada por algunos líderes sociales, da como resultado la subordinación burocrática y la pérdida de cualquier lealtad específica de clase.

Conclusión

El populismo nacionalista es y será cuestionado desde adentro por los "aliados" de las corporaciones multinacionales, quienes influirán cada vez más en sus "socios del sector público" y desde afuera, por las presiones del mercado mundial. Mientras tanto, durante el periodo en el que los precios de los commodities se mantengan y los líderes nacional-populistas continúen con los programas sociales de "inclusión", la política latinoamericana seguirá relativamente estable y la economía continuará creciendo, pero seguirá enfrentando la resistencia de la alianza ecológica-social y de los movimientos indígenas.

¿Qué lecciones se desprenden de las alianzas de las últimas dos décadas entre los movimientos sociales y los partidos populistas? El mensaje es claro y ambiguo al mismo tiempo. Indudablemente que los movimientos que no tengan una perspectiva política independiente van a perder frente a sus aliados de los partidos políticos. Sin embargo, no quedan dudas de que gracias al accionar de los movimientos sociales, los partidos políticos populistas han legislado a favor de un gasto social significativo que beneficia a las clases populares y han llevado adelante una política exterior relativamente independiente, ¿es esto un legado ambiguo o una historia incompleta?