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DOCUMENTOS

¿Qué pasa en Colombia?

[ENGLISH BELOW]

¿Quienes son los principales responsables de la violencia en Colombia?
¿Quiénes son cómplices de esta violencia?
¿Cuál es el proyecto del pueblo?
¿Quién desinforma la verdad de los hechos?.

Los medios de comunicación social frecuentemente nos traen imágenes desgarradoras de muertos, secuestros, masacres, violación a los derechos humanos y rostros de dolor de mujeres, ancianos/as, personas con limitaciones físicas, niños/as, de millones de colombianos/as víctimas de la violencia. Sin embargo, muy pocos análisis salen a luz pública sobre las causas de esta violencia.

Según Amnistía Internacional el 78% de las masacres se deben a los paramilitares de derecha. Los medios de comunicación le restan importancia a este hecho. Casi no se mencionó el reporte sobre las violaciones de los derechos humanos por parte del ejército colombiano que publicó recientemente Human Rights Watch. Se esconde la verdad sobre los vínculos de los políticos de derecha y el narcotráfico. No se dice nada de la violencia de Estado que ejerce el gobierno colombiano. Esta desinformación por parte de grandes sectores de la prensa internacional distorsiona y esconde la verdad sobre quiénes son los principales responsables de la violencia en Colombia.

El gobierno colombiano ejerce su violencia de Estado mediante una política económica neoliberal, obligando a un 55% de la población a vivir en la pobreza. De estos, el 80% vive en el campo. Hay miles de campesinos/as desplazados/as a causa de las fumigaciones con herbicidas. La industrialización capitalista margina también a los/as nativos como la tribu Uwa. Un país tan rico en recursos humanos, materias primas y suelo, es vendido en desigualdad de condiciones a las multinacionales a cambio de negarles comida, trabajo, vivienda, salud y educación al pueblo. Todo esto bajo el manto de la corrupción, los silencios, la hipocresía y las injusticias cotidianas.

La violencia gubernamental actual en Colombia tiene sus raíces ya en los años 50, cuando fue promovida por programas de contra-insurgencia de los EEUU, que han sido extraordinariamente sangrientos. Toda esta violencia de Estado se materializa en complicidad con el gobierno de EEUU.

Recientemente el gobierno estadounidense otorgó un paquete de $1,300 Millones de "ayuda" al gobierno para supuestamente combatir el narcotráfico. En realidad es para combatir las guerrillas y todo aquel que se oponga a las políticas neoliberales del gobierno colombiano. Las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) y el Ejército de Liberación Nacional (ELN) asumen la lucha armada como legítima defensa del pueblo frente a la violencia de Estado del gobierno, las masacres de los paramilitares, la violación de los derechos humanos a manos del ejército, la oligarquía y el narcotráfico.

EE.UU. por su parte pretende asegurar y fortalecer en el así llamado Tercer Mundo su control militar y económico. Colombia se encuentra en una posición geo-estratégica para asegurar y mantener su control militar, económica e influencia política en toda Latinoamérica. Al perder el Canal de Panamá, verse amenazada su influencia en el Medio Oriente y ante la competencia de las crecientes economías capitalistas de Europa y Japón, EEUU quiere volver a los viejos tiempos armamentistas de la Guerra Fría, estableciendo y fortaleciendo bases militares en Ecuador, El Salvador y asegurando Vieques, Puerto Rico, para sus prácticas militares.

Latinas y Latinos por el Cambio Social en Boston, condenamos enérgicamente la política neoliberal y la violencia de Estado del gobierno colombiano. Repudiamos la intervención y complicidad del imperio estadounidense en Colombia y en todo el Tercer Mundo. Denunciamos las masacres de los paramilitares, los intereses abusivos de la oligarquía, la violación de los derechos humanos por parte del ejército colombiano y el narcotráfico. Estos son los responsables fundamentales de la violencia y la crisis en Colombia.

Latinas y Latinos por el Cambio Social nos solidarizamos con un proyecto socialista en la creación de una nueva cultura realmente participativa y popular conformadas por pobladores y campesinos/as, una economía de relaciones solidarías entre todos los hombres y mujeres. Nos identificamos con los sufrimientos del pueblo y aspiraciones socialistas del pueblo colombiano; muy diferentes a los "socialismos reales" de la URSS y del Este de Europa que cayeron por su propio peso. Un socialismo colombiano, que se basa en la autodeterminación de los pueblos, en la igualdad, y la sumisión de la economía basada realmente en los intereses del pueblo. Tierra, trabajo, salud, educación y vivienda en igualdad de condiciones y para satisfacer las necesidades de la mayoría, no la ambición de unos pocos. Un socialismo que abogue por el control popular de las riquezas nacionales y el fin de la opresión y explotación.

Rechazamos, junto con los que luchan por la justicia y la libertad, rotundamente el narcotráfico, mientras apoyamos a las familias campesinas colombianas que buscan sustituir sus cultivos de coca por otros cultivos lícitos. En este contexto recordamos también que el principal consumidor de coca son los EE.UU., y que ésta se produce solamente porque aquí hay un comprador seguro.

Latinas y Latinos por el Cambio Social también apoyamos la posición de las FARC y el ELN de establecer conversaciones de paz si están basadas en la búsqueda de soluciones de los problemas sociales y económicos de Colombia. Sin justicia nunca hay paz ni hay diálogo que valga. Sin embargo, la vuelta a las conversaciones en torno al bienestar social será muy difícil de lograr debido al compromiso del gobierno de Pastrana con el gobierno de EE.UU. y el Fondo Monetario Internacional.

En estos momentos resultan desconfiables las conversaciones de paz con el gobierno, ya que por un lado el presidente Pastrana habla de paz, pero por otro lado militariza el país con la ayuda de EE.UU. Los EE.UU. ya tienen en Colombia a 300 consejeros militares, en el pasado Clinton suministró $180 millones en 1998 y $250 millones en 1999, y $1,300 millones en el 2000. Todo esto para operaciones militares y no para atacar el narcotráfico como quieren hacer ver a la prensa internacional.

Esperamos que la solidaridad internacional y el pueblo colombiano no caigan en la trampa liberal de colocar también a las guerrillas socialistas en el mismo sitio que a los verdaderos causantes de los males del pueblo colombiano. Porque está claro que ninguna solución capitalista es viable en Colombia para solucionar los problemas de las amplias mayorias.

Coloquemos las cosas en su lugar: el verdadero causante de los males del pueblo colombiano es el capitalismo, es la dominación estadounidense, es la sujeción a las directrices del FMI, es la existencia de una elite de ricos privilegiados que quieren seguir gozando de la vida a costa de la explotación de los obreros y campesinos colombianos. En este contexto debe entenderse el dicho que hemos gritado tantas veces en las calles: sin justicia, no hay paz.

LATINAS Y LATINOS POR EL CAMBIO SOCIAL

Febrero de 2001

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What is going on in Colombia?

Who is responsible for the violence in Colombia?
Who else is complicit in it?
What is the people's project?
Who is lying about the situation?

The news media often present shocking images of deaths, kidnappings, massacres, human rights violations and agonizing faces of women, elderly and disabled people, of children and of millions of Colombians who are victims of violence. However, we get very little analysis of the causes of this violence.

According to Amnesty International, some 78% of the massacres are perpetrated by right-wing paramilitaries. The media downplay this; neither do they make more than a passing mention of Human Rights Watch's recently-published report on the Colombian army's human rights violations. The links between right-wing politicians and drug trafficking remain hidden from view, and little is said about the violence perpetrated by the Colombian state. This misinformation, which distorts and conceals the truth about the main perpetrators of violence in Colombia, is the work of a large part of the international news agencies.

The Colombian government perpetrates violence through its neoliberal economic policies, which force some 55% of the country's population to live in poverty. 80% of these poor live in the rural areas. Thousands of peasants have been displaced by herbicide spraying. Capitalist industrialization also marginalizes indigenous groups, such as the U'wa tribe. Colombia's enormous natural wealth is sold, on criminally unequal terms, to multinational corporations, in exchange for denying work, housing, health, education and food to the people. All of this takes place against a backdrop of corruption, silences hypocrisy and everyday injustice.

State violence in Colombia has its origins in the 1950's, when it was promoted by U.S.-sponsored counter-insurgency programs, which have been extraordinarily bloody. All this state violence has developed with the support of the United States government.

Recently, the U.S. government granted a $1.3 million "aid" package to the Colombian state, supposedly to fight drug trafficking. In fact, it is intended to fight the leftist guerrillas and anyone else who might dare to oppose the Colombian government's neoliberal policies. The Revolutionary Armed Forces of Colombia (known by their Spanish acronym, FARC), and the National Liberation Army (ELN), believe that armed resistance is a legitimate defense of a people faced with wholesale violence on the part of the state, massacres and human rights violations by the army and its well-armed paramilitary proxies, and the landowning oligarchy and the newer drug trafficking capitalists whose interests they protect.

The U.S. is attempting to strengthen its military and economic dominance within the Third World, and Colombia is in a key geopolitical position for the projection of that dominance. Having had to withdraw from the Panama Canal Zone, and facing threats to its hegemony in the Middle East as well as economic competition from Europe and Japan, the U.S. is returning to its aggressive Cold War posture by establishing and strengthening military bases in Ecuador and El Salvador, and using Vieques, Puerto Rico, for live-fire training.

In Boston, Latinos/as for Social Change condemns the Colombian government's neoliberal policy and state violence. We repudiate the U.S. imperial intervention and complicity in that violence, not only in Colombia but throughout the world. We condemn the paramilitary massacres, the abusive interests of the oligarchy, and the army and the drug traffickers' violations of human rights. These are the parties responsible for the crisis of violence in Colombia.

Latinas/os for Social Change stands in solidarity with the socialist vision of city dwellers and peasants creating a new, truly participative and popular culture, an economy based on solidarity and cooperation among all women and men. We identify with the Colombian people's suffering, and with their socialist aspirations, radically different in nature from the ³socialisms² of the USSR and Eastern Europe which collapsed under their own weight. They seek a Colombian socialism, based on the people's right to self-determination, equality, and the subordination of economic decisions to people's real needs. Colombians want land, work, health, education and housing, under equality of conditions and to serve the needs of the majority, rather than the ambitions of a few. This is to be a socialism based on popular control of natural wealth, and an end to exploitation and oppression.

We, together with all those who struggle for justice and liberty, unequivocally reject the drug trade, as we support the Colombian peasant families who will gladly end coca cultivation as soon as they can make a living growing legal crops. In this context, we must point out that the main consumer of coca products is the United States, and that they are only produced because of the strength of that demand.

Latinos/as for Social Change also supports the FARC and ELN's search for peace talks which will address Colombia's social and economic problems. Without justice, there will never be peace, nor any meaningful dialogue. However, it will be extremely difficult to have meaningful talks on social and economic issues while the Pastrana government remains committed to the strategy promoted by the United States government and the International Monetary Fund.

Those peace talks with the government are unreliable, since while President Pastrana speaks of peace, he militarizes the country with U.S. aid. The U.S. already has 300 military advisors; the Clinton administration provided $180 million in aid during 1998, $250 million during 1999, and now $1.3 billion in 2000, all for military operations--not for fighting drug trafficking, as the international press would have us believe.

We hope that the international solidarity movement, and the Colombian people themselves, will not fall into the liberal trap of placing the socialist guerrillas in the same category with the parties who are truly responsible for the epidemic of violence in Colombia, because it is clear that no capitalist solution will help Colombia solve the problems of the majority of its people.

Let's put blame and responsibility where they belong: the root of the Colombian people's suffering is capitalism; it is U.S. domination, submission to the demands of the IMF, the existence of a wealthy, privileged elite who want to continue to enjoy a high standard of living by exploiting Colombian workers and peasants. This is the context from which we take the slogan we have shouted so many times in the streets: No justice, no peace!

Latinos/as for Social Change [www.lfsc.org]

February 2001