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MUNDIAL

Puerto Rico: La olvidada causa continental

Ricardo Delestre
Argenpress
14 de Mayo de 2010

Hay un asunto inconcluso en la completa libertad de América Latina. Todos los países que integran hoy Nuestra América -como le llamó José Martí- de una forma u otra adquirieron su soberanía de Europa, aunque los principios de libertad en que se funda esa soberanía sean cuestionables por los adoptados sistemas capitalistas del norte o por la patente globalización.

El despotismo imperial sufrido en occidente bajo la dominación europea quedó en la historia, no así en el olvido, y tal pareciese que ha tenido un nuevo comandante: Los Estados Unidos de Norteamérica.

Este nuestramericanismo, señala Alejo Carpentier, “ya ha servido demasiado para tomar los aspectos lingüísticos y religiosos que son comunes a los pueblos de América Latina para ocultar, tras un torrente retórico donde se invocan inevitablemente los espíritus de Bolívar y de Martí, esos aspectos económicos y sociales que sitúan a nuestros pueblos ante problemas y perspectivas básicamente similares”.

Y es que en 1898 ocurre un suceso que marca un nuevo emprendimiento imperial: La Guerra Hispanoamericana. Estados Unidos le declara la guerra a España; motivados por la muy cuestionable explosión del barco naval estadounidense USS Maine-que entra sin aviso y en claro acto de provocación- en la bahía de la Habana, Cuba.

Iniciada la guerra y luego de una fácil victoria de los Estados Unidos sobre la debilitada España, se firma el Tratado de París; que acordaba la compraventa entre Estados Unidos y España sobre las islas de Cuba, Filipinas y Puerto Rico. Las primeras dos fueron liberadas mediantes diferentes causas. No así Puerto Rico, quien ha advenido a ser la colonia más antigua del mundo, sufriendo sus penas y siendo su condición colonial cruelmente disimulada por Los Estados Unidos bajo en fraudulento pacto unilateral del Estado Libre Asociado. Asimismo, ha sido en gran medida olvidado por los países que componen el continente de Latino América, sin menoscabar algunas expresiones a favor de la independencia por parte de los mayores detractores estadounidenses.

Aunque, Puerto Rico sea el país de las ocultaciones por excelencia -ya que la condición colonial nos ha inculcado a llamar las cosas por otro nombre, no por el nombre propio- la condición colonial actual, la misma de hace 500 años, es vergonzosa; no hay poderes soberanos, decide la metrópoli norteamericana en todos los asuntos concernientes a las relaciones internacionales, económicas, sociales y jurídicas. Y tiene, además, a un país dividido entre los que aspiran a la total independencia, los que desean mantener el estatus actual -Estado Libre Asociado o “Commonwealth” en anglosajón; ya que la traducción es perturbadora y estridente para el pueblo norteamericano- y los que ven como alternativa una anexión jurídica “estadidad”; ocasionada por el firme agarre del sistema imperialista estadounidense y su apabullante propaganda que no ofrece alternativas.

Ante esta situación, Ramón Emeterio Betances; gran prócer puertorriqueño, no concebía otra salida para el problema colonial de Puerto Rico que nos acogota que no fuese la independencia, la cual yo me uno.

Entonces, como apunta Marcuse, “esta sociedad unidimensional y enajenante no ofrece otro camino al intelectual sino la subversión por medio del pensamiento”, si bien el principio de confrontación puede ser atacado desde una base mediática y pacifista, lo cierto es que el asunto colonial puertorriqueño ha trascendido los limites tolerados por una sociedad moderna, su alienación con el resto del mundo, su resta con la comunidad internacional -resaltado en Latino América -Nuestra América-denota lo sumergido que está la isla en el despotismo colonial avasallante y lo olvidado que está la causa continental contra el imperialismo estadounidense, acentuando la escasez de ayuda por parte de nuestros hermanos latinos en nuestro Derecho a ser libres y pertenecer al concierto de naciones libres del mundo.


Ricardo Delestre es abogado, autor del libro “Versos Azules” y puertorriqueño indisoluble.